Advancing Sexual and Reproductive Health and Rights
 

EXECUTIVE SUMMARY

Hacia un Nuevo Mundo: La Vida Sexual y Reproductiva de las Jovenes


January 1998

Resumen Ejecutivo

Puntos claves

• En casi todo el mundo, la mayoría de las mujeres jóvenes inician su actividad sexual durante el período de la adolescencia. La proporción de jóvenes que han tenido relaciones oscila entre la mitad y los dos tercios en los países de América Latina y el Caribe, llega a las tres cuartas partes o más en muchos países del mundo desarrollado, y es superior a nueve de cada 10 jóvenes en muchos países del Africa al sur del Sahara.

• En algunas sociedades, la mujer inicia sus relaciones sexuales durante la adolescencia porque se espera que contraiga matrimonio y comience a procrear a una temprana edad. En otras, generalmente el matrimonio ocurre más tarde, pero comúnmente se tienen relaciones sexuales antes del matrimonio. Sin lugar a dudas, algunas sociedades se encuentran en una etapa de transición de una norma social a otra.

• Independientemente de la norma que influye a la mujer joven, iniciar la actividad sexual durante la adolescencia involucra ciertos riesgos. Por ejemplo, las mujeres que se casan a temprana edad no desempeñan un papel activo en las decisiones relacionadas con la fecundidad y tienen pocas oportunidades para capacitarse académicamente o para trabajar. Las mujeres no casadas que contraen un embarazo deben decidir si se someten a un aborto o si están dispuestas a mantener un hijo nacido fuera del matrimonio. Tanto las mujeres casadas como las no casadas son vulnerables ante las enfermedades de transmisión sexual, y aquellas que tienen hijos a muy temprana edad o muy frecuentemente corren riesgos de salud.

Las adolescentes de hoy en día, la generación más numerosa de jóvenes de entre 10 y 19 años de la historia, alcanzan la mayoría de edad en un mundo completamente diferente al que existió cuando sus padres vivieron su adolescencia. Si bien el ritmo de cambio varía entre las diferentes regiones del mundo, la sociedad atraviesa un período de formidable y rápida transformación, lo cual trae consigo un despliegue vertiginoso de nuevas posibilidades y novedosos desafíos para la juventud.

Los medios de transporte y de comunicación modernos exponen a los jóvenes, aun a los que residen en los lugares más remotos, a diferentes valores y tradiciones, mientras que un mundo industrializado cada vez más concentrado en las urbes ofrece el encanto cautivante del adelanto y de las oportunidades. Pero si no tienen acceso a una educación y capacitación adecuadas, los jóvenes no podrán satisfacer las demandas de los lugares de trabajo del mundo moderno, y sin la guía de sus padres, de la comunidad y de los líderes del gobierno, carecerán de las herramientas necesarias para evaluar las ramificaciones y consecuencias de sus decisiones.

Sin embargo, en el mundo en desarrollo, donde persiste una pobreza muy difundida, algunas familias sacrifican la educación de sus hijos cuando es necesario que éstos contribuyan al mantenimiento del hogar. En la mayoría de los países, del 70% al 100% de los niños están registrados en la escuela primaria, aunque varía mucho el total de años de escolaridad que estos jóvenes obtienen. Por ejemplo, en tanto que el 80% de las jóvenes en algunos países en desarrollo acceden a una educación básica - por lo menos siete años de escolaridad - en el Africa al sur del Sahara este porcentaje apenas alcanza al 25% o aún menos.

Los gobiernos están empeñados en alcanzar la meta de ofrecer un amplio acceso a la educación básica. En consecuencia, las mujeres jóvenes de hoy, en casi todos los países, tienen más probabilidades que sus madres de lograr una educación básica, y en los países en desarrollo este diferencial entre generaciones puede ser considerable. Por ejemplo, en el Sudán, el 46% de las jóvenes de entre 15 y 19 años han logrado siete o más años de escolaridad, en comparación con el 5% de las mujeres de entre 40 y 44 años. Sin embargo, persisten las disparidades, básicamente conforme al nivel socioeconómico y de lugar de residencia. En muchos países en desarrollo, el índice de educación básica de las mujeres jóvenes de los centros urbanos es 2-3 veces superior al de sus pares de las zonas rurales.

En tanto que las dificultades que enfrentan los adolescentes son comunes a todos los jóvenes, el período de la adolescencia es particularmente crucial para las mujeres. Si bien algunas jóvenes del grupo de 10-19 años apenas comienzan a experimentar los cambios que acompañan la pubertad, muchas inician sus relaciones sexuales o contraen matrimonio. Y cada año, aproximadamente 14 millones de mujeres jóvenes de 15-19 años dan a luz. La maternidad adolescente es lo más común en los países en desarrollo donde, con frecuencia, entre la cuarta parte y la mitad de las mujeres que dan a luz por primera vez lo hacen antes de cumplir los 18 años (gráfico 1). En forma inversa, en el mundo desarrollado - y en contados países en desarrollo - la maternidad a temprana edad afecta a menos de una de cada 10 mujeres.

Gráfico 1: El porcentaje de mujeres que tienen su primer hijo antes de los 18 años varía del 1% en Japón al 53% en Níger.

El matrimonio a temprana edad, y la maternidad precoz en particular, pueden producir un impacto profundo y prolongado en el bienestar de la mujer, en su educación y en su capacidad para contribuir a la comunidad. No obstante, son complejos los factores físicos, familiares y culturales - con frecuencia poco comprendidos - que determinan cuáles mujeres se casarán y cuándo, quiénes iniciarán relaciones sexuales antes del matrimonio, quiénes comenzarán a procrear durante la adolescencia, y quiénes tendrán hijos fuera del matrimonio. Los datos disponibles demuestran que si bien varían las necesidades y las experiencias de las adolescentes en los diversos lugares del mundo, hay similitudes que traspasan las fronteras nacionales y regionales.

Varía la relación entre el inicio sexual y el matrimonio

El matrimonio marca una importante transición en la vida de un individuo, y el momento en que lo contraiga puede tener un impacto dramático en el futuro de los jóvenes. En tanto que en muchas sociedades la primera experiencia sexual de una mujer generalmente se consume con su marido, el inicio sexual en otras sociedades no está tan estrechamente vinculado al matrimonio. Las diferentes expectativas con respecto a las relaciones y conductas sexuales - y la forma en que una sociedad se adapta a los cambios de estas expectativas - pueden producir un profundo impacto en la juventud, en sus familias y en la sociedad en general.

En muchos países del Africa al sur del Sahara, por lo menos la mitad de las mujeres jóvenes inician su primera unión - ya sea el matrimonio formal religioso o legal, o una unión consensual que puede o no conducir a un matrimonio formal - antes de los 18 años, si bien en algunos países de la región, esto ocurre con no más de una de cada siete mujeres. En América Latina y el Caribe, el 20-40% de las adolescentes inician una unión, y en el Africa del Norte y el Medio Oriente, este índice alcanza al 30% o menos. Los niveles de matrimonios a temprana edad varían mucho según la región en el Asia; por ejemplo, en Bangladesh, el 73% de las mujeres inician una unión antes de los 18 años, en tanto que este índice alcanza al 14% en las Filipinas y Sri Lanka, y apenas llega al 5% en la China. En los países desarrollados, es poco probable que la mujer contraiga matrimonio antes de los 18 años; en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, lo hace el 10-11%, y en Alemania y Polonia, únicamente el 3-4% se casa a tan temprana edad.

Recopilación de datos

Si los encargados de formular políticas y los planificadores de programas desean adoptar decisiones informadas acerca de las necesidades educativas, económicas y de salud de la población, deberán conocer con anticipación el número de personas que compartirán los recursos del país durante los próximos años y deberán cerciorarse si algunos grupos regionales o demográficos particulares tienen posibilidades de expandirse o contraerse. Para esta tarea, es preciso que evalúen las tendencias de comportamiento de la población. La mayoría de los países utilizan los censos o encuestas de muestreo en gran escala para recopilar información sobre la salud reproductiva y el manejo de la fecundidad por parte de la mujer y, en menor medida, del hombre.

Esta recopilación de datos constituye la base del informe preparado por el Instituto Alan Guttmacher, titulado Into a New World: Young Women's Sexual and Reproductive Lives, en base al cual se preparó este resumen ejecutivo. El informe reúne datos de 53 países - 47 países del mundo en desarrollo y seis países desarrollados - que representan aproximadamente el 75% de la población mundial.

La principal fuente de datos correspondientes a 46 países procede de las Encuestas Demográficas y de Salud, un programa de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), que asiste a los países en desarrollo en la recopilación de datos que necesitan. Con respecto al resto de los países - China y seis países industrializados - se utilizaron las encuestas gubernamentales que contienen datos comparables.

El matrimonio a temprana edad es menos común en la actualidad que en la pasada generación, si bien hay una variación considerable dentro de cada región y entre las diferentes regiones. Por ejemplo, en el Africa al sur del Sahara, la proporción de mujeres que habían contraído matrimonio antes de los 18 años ha cambiado poco en Ghana (39% de las de 40-44 años contra 38% de las de 20-24 años) y en Côte d'Ivoire (49% contra 44%), aunque ha disminuido sensiblemente en Kenya (47% contra 28%). En forma inversa, en toda el Asia se han registrado cambios sustanciales, y en América Latina y el Caribe los niveles de matrimonios a temprana edad se han mantenido básicamente estables.

En todo el mundo, el momento en que se inicia la primera unión está sólidamente vinculado con el nivel de educación de la mujer. En muchas partes del Africa al sur del Sahara y de América Latina y el Caribe, las tasas de matrimonio a temprana edad entre las mujeres que cuentan con un nivel de educación inferior al básico, son tres veces más elevadas que las tasas de mujeres que tienen por lo menos siete años de escolaridad (cuadro 1). En los países desarrollados, también se registran grandes diferenciales según el nivel de educación de la mujer, no obstante que en estos lugares, las tasas de matrimonio a temprana edad son relativamente bajas.

Cuadro 1: El inicio de las relaciones sexuales y la procreación durante la adolescencia es común entre las mujeres de los países en desarrollo.
País y año de encuesta % de las de 20-24 años que han contraído matrimonio o entrado en unión antes de los 18 años % de mujeres que dieron a luz antes de los 20 años2 % de mujeres casadas de 15-19 años que no deseaban tener un hijo inmediatamente % de mujeres de 15-19 años que necesitan protección anticonceptiva3
Menos de 7 años de escolaridad1 7 o más años de escolaridad1 20-24 años de edad 40-44 años de edad
Africa al sur del Sahara
Botswana, 1988 15 8 55 50 62 29
Burkina Faso, 1992-1993 65 25 62 58 66 16
Burundi, 1987 18 9 27 39 75 3
Camerún, 1991 79 26 67 64 64 32
Côte d'Ivoire, 1994 48 21 63 57 62 35
Ghana,1993 51 26 49 50 83 32
Kenya, 1993 52 18 52 59 66 22
Liberia, 1986 57 30 64 59 63 36
Madagascar, 1992 45 14 53 60 59 27
Malawi, 1992 63 25 63 56 73 nd
Malí, 1987 80 61 67 62 68 28
Namibia, 1992 21 5 42 38 28 19
Níger, 1992 87 12 75 63 57 21
Nigeria, 1990 69 14 54 49 62 22
Rep. Centroafricana, 1994-1995 60 42 61 59 59 23
Rwanda, 1992 21 4 25 36 74 6
Senegal, 1992-1993 54 6 52 54 64 13
Tanzania, 1991-1992 58 28 57 65 64 24
Togo, 1988 50 16 56 59 74 33
Uganda, 1995 62 31 66 65 67 22
Zambia, 1992 60 31 61 68 68 30
Zimbabwe,1994 69 24 47 54 70 8
Africa del Norte y Medio Oriente
Egipto, 1992 49 6 29 40 64 4
Marruecos, 1992 23 4 19 39 56 2
Sudán, 1989-1990 41 9 26 61 59 4
Túnez, 1988 12 4 13 36 70 2
Yemen, 1991-1992 54 17 41 35 14 2
Asia
Bangladesh, 1993-1994 82 40 66 85 71 18
China, 1992 8 2 14 22 73 nd
Filipinas, 1993 30 10 21 26 81 4
India, 1992-1993 66 21 49 58 65 15
Indonesia, 1994 49 10 33 51 70 3
Pakistán, 1990-1991 38 7 31 38 57 8
Sri Lanka, 1987 nd nd 16 31 76 3
Tailandia, 1987 25 8 24 28 76 4
Turquía, 1993 30 6 25 42 71 4
América Latina y el Caribe
Bolivia, 1993-1994 34 18 38 38 91 12
Brasil, 1996 34 14 32 29 88 12
Colombia, 1995 42 15 36 34 83 11
Ecuador, 1987 42 15 35 39 80 8
El Salvador, 1985 48 16 nd nd 82 10
Guatemala, 1987 48 10 50 48 79 12
México, 198 46 13 35 41 63 5
Paraguay, 1990 33 13 37 34 74 11
Perú, 1991-1992 43 9 27 36 90 10
Rep. Dominicana, 1991 64 18 33 52 66 12
Trinidad y Tobago, 1987 42 33 30 40 87 11
Países desarrollados
Alemania, 1992 3 3 6 13 4 87 5 nd
Estados Unidos, 1995 41 6 22 24 70 12
Francia, 1994 29 7 6 13 18 5 nd
Gran Bretaña, 1991 27 6 15 16 nd nd
Japón, 1992 6 0 3 2 77 6 nd
Polonia, 1991 12 3 14 11 nd nd
1. Las cifras correspondientes a los países desarrollados están basadas en 10 o más años de educación, excepto Gran Bretaña (11 o más) y Estados Unidos (12 o más). 2. En Africa del Norte, Medio Oriente y Asia, se presumió que las mujeres que nunca se habían casado no dieron a luz. 3. "Con necesidad" se refiere a las mujeres sexualmente activas que no desean tener un hijo inmediatamente y que no usan un método anticonceptivo moderno: la píldora, el diafragma, el condón, el DIU, los espermicidas, la esterilización, los inyectables y el implante. Se dispone de información sobre preferencias de fecundidad solamente para las mujeres casadas; se supone que las mujeres no casadas no desean tener un hijo en un futuro cercano. Las mujeres que estaban embarazadas en el momento en que se realizó la encuesta pero que no deseaban el embarazo fueron consideradas como personas que tenían necesidad. 4. Se refiere a las de 35-39 años. 5. Se refiere a las de 20-24 años. 6. Se refiere a las de 18-19 años; el valor se basa en 22 mujeres. nd = no disponible.

Las diversas culturas tienen diferentes actitudes con respecto a la actividad sexual entre las personas no casadas. En el Africa del Norte, el Medio Oriente y en la mayoría de los países del Asia, se espera que las mujeres jóvenes se abstengan de mantener relaciones sexuales hasta su matrimonio, y se dispone de datos que sugieren que la mayoría de este grupo poblacional se atiene a esta norma. Sin embargo, en la mayor parte del Africa al sur del Sahara, las adolescentes no casadas generalmente mantienen relaciones sexuales, las cuales con frecuencia se desenlazan en uniones formales; en los Estados Unidos y en algunos países de Europa, las relaciones sexuales entre las adolescentes también son comunes, aunque no necesariamente conducen al matrimonio. En forma inversa, muchas de las sociedades que restringen o condenan esa conducta sexual para una mujer soltera, la toleran y hasta la alientan para los hombres solteros. Como resultado de ello, los hombres son más proclives que las mujeres a iniciar su actividad sexual fuera del matrimonio y lo hacen a una edad más temprana.

La postergación del matrimonio más allá de la adolescencia por parte de la mujer tiene sus ventajas, aunque también la deja vulnerable con respecto a ciertos peligros. Una mujer que posterga el matrimonio puede progresar en su educación y también puede llegar a desempeñar un papel decisivo con respecto a cuándo y con quién contraerá matrimonio, y tendrá más influencia con relación a lo que ocurra con su matrimonio y su familia. Sin embargo, también tiene más probabilidades de involucrarse en relaciones sexuales prematrimoniales, lo cual conlleva un riesgo de tener embarazos no deseados y de contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS). Enfrentada con un embarazo no deseado, una mujer que permanece soltera tiene que decidir si tiene su hijo fuera del matrimonio o si prefiere someterse a un aborto; en los países donde el aborto inducido es ilegal o de difícil acceso, puede ocurrir que muchas mujeres deben recurrir a procedimientos clandestinos. Las mujeres sexualmente activas, casadas o no, pueden contraer las ETS, aunque el riesgo es mayor entre las no casadas porque son más proclives a tener parejas múltiples.

La procreación comienza a una edad temprana

En algunas sociedades, se alienta a la mujer a iniciar a formar su familia durante la adolescencia. En la mayoría de los países del Africa al sur del Sahara, un considerable porcentaje de mujeres tienen su primer hijo antes de cumplir los 18 años (por ejemplo, aproximadamente un quinto en Namibia y la mitad en Níger); esta proporción es de menos de un quinto en la mayoría de los países asiáticos (excepto en la India y Bangladesh, donde los índices son de aproximadamente el 30% y 50%, respectivamente). En América Latina y el Caribe, el 12-28% de las mujeres dan a luz por primera vez entre los 15 y 17 años; en el Africa del Norte y el Medio Oriente, el 3-27% comienzan a esa muy temprana edad.

Las mujeres con educación básica son un 50% menos proclives a empezar a formar una familia antes de cumplir los 18 años de edad que aquellas con menos años de escolaridad; en el Africa del Norte y en el Medio Oriente, son menores las proporciones de jóvenes adolescentes que dan a luz, aunque la diferencia es mayor según el nivel de educación en estas últimas regiones. Asimismo, el nivel de educación está relacionado con la procreación entre las adolescentes en los países desarrollados; en los Estados Unidos, aquellas que tienen menos de 12 años de escolaridad son aproximadamente seis veces más proclives a dar a luz antes de los 18 años que las que tienen más años de escolaridad.

En tanto que la mayoría de las adolescentes que tienen un hijo están casadas, un porcentaje sustancial no lo está. En muchos países del Africa al sur del Sahara, un tercio de los nacimientos de las mujeres de entre 15 y 19 años ocurren entre adolescentes solteras; el porcentaje es bastante bajo (4-6%) en Burkina Faso, Malí, Níger y Nigeria, pero excede las tres cuartas partes en Botswana y Namibia. Gene-ralmente, en América Latina y el Caribe, el 12-25% de los nacimientos de adolescentes los tienen jóvenes solteras. La procreación entre mujeres no casadas es una tendencia creciente en los países desarrollados; en Alemania, Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, más de la mitad de las adolescentes que dan a luz no están casadas.

Los datos de las encuestas indican que el porcentaje de madres adolescentes que no han planeado su embarazo varía ampliamente dentro de cada región y entre una región y otra. En América Latina y el Caribe, del 25-50% de las madres jóvenes indican que su embarazo no fue planeado; en el Africa del Norte y el Medio Oriente, este porcentaje varía entre aproximadamente el 15% y el 30%. El 10-16% de los embarazos de adolescentes de la India, Indonesia y Pakistán no son planeados, en comparación con el 20-45% que se registra en el resto del Asia. Esta variación es aún más pronunciada en el Africa al sur del Sahara - del 11-13% en Níger y Nigeria, al 50% o más en Botswana, Ghana, Kenya, Namibia y Zimbabwe. Un gran porcentaje de los partos de las adolescentes en los países desarrollados no son planeados tampoco - por ejemplo, en los Estados Unidos este porcentaje se eleva al 66%.

A medida que ha incrementado el acceso a la educación y se han conocido más ampliamente las ventajas de postergar la procreación, ha disminuido el nivel de maternidad adolescente en algunos países donde era común esta práctica (cuadro 1). Las mujeres de 20-24 años de algunas zonas del Asia son aproximadamente un 20% menos proclives que las de 40-44 años a haber dado a luz a su primer hijo durante el período de la adolescencia; en otras zonas de la región, las actuales adolescentes son un 33-50% menos proclives a hacerlo comparado con las mujeres de más edad. Los embarazos de adolescentes han disminuido entre 25% y 50% en el Africa del Norte y el Medio Oriente.

En forma inversa, en el Africa al sur del Sahara, se han registrado disminuciones más pequeñas, y en algunos países, las adolescentes son más proclives a dar a luz a temprana edad que sus pares de una generación anterior. En América Latina y el Caribe, los cambios en los niveles de fecundidad adolescente han sido variables. Por ejemplo, en la República Dominicana ha disminuido en un 37%; en Bolivia no hubo cambios; y se registró un pequeño incremento en el Brasil.

La postergación de la procreación beneficia a las mujeres jóvenes porque les permite tener más tiempo para dedicarse a su formación académica y capacitarse para mejorar sus posibilidades de atender a sus familias y competir en el mercado de trabajo. Asimismo, esta postergación puede tener un impacto dramático sobre la tasa de crecimiento demográfico, tanto de un país individual como del mundo. En muchos países en desarrollo, una mujer que tiene su primer hijo antes de los 18 años, probablemente tendrá un promedio de siete hijos. Al postergar el primer nacimiento hasta los 20-23 años de edad, se reduce el promedio de nacimientos a aproximadamente cinco hijos.

Es bajo el uso anticonceptivo entre adolescentes

En tanto que algunas adolescentes se sienten ansiosas por iniciar la procreación, la mayoría no desea tener hijos en un futuro inmediato; incluso entre el grupo de las casadas, en la mayoría de los países por lo menos dos tercios desean postergar la procreación o un segundo parto (cuadro 1). No obstante, hay varios factores además de los deseos de fecundidad de la mujer joven que influyen en su uso anticonceptivo: su estado civil, las expectativas de su familia y las normas de la comunidad, y el acceso a los servicios de anticonceptivos y de atención de salud.

En consecuencia, sólo el 20% de las adolescentes casadas usan un método anticonceptivo en la mayoría de los países del Africa al sur del Sahara, aunque el 60% o más indicaron que no deseaban tener un embarazo en un futuro cercano. En forma similar, los niveles de uso de anticonceptivos son bajos en el Africa del Norte y el Medio Oriente, mientras que varían bastante en el Asia: en la India y Pakistán, menos del 5% de las adolescentes casadas practican la anticoncepción, en comparación con el 40% en Indonesia y Tailandia. Salvo algunas excepciones, los países de América Latina y el Caribe presentan niveles de uso que varían del 30% al 53%.

En el Africa al sur del Sahara, las adolescentes solteras sexualmente activas son mucho más proclives que las casadas a practicar la anticoncepción; en América Latina y los Estados Unidos, las adolescentes casadas y las no casadas presentan las mismas probabilidades de recurrir al uso anticonceptivo. De aproximadamente 260 millones de mujeres de entre 15 y 19 años que hay en el mundo, casadas y no casadas, casi el 11% (29 millones) son sexualmente activas y no desean quedar embarazadas, pero no usan un método anticonceptivo moderno (la píldora, los inyectables, el DIU, el implante, la esterilización, el diafragma, el condón o los espermicidas). La proporción que necesita protección anticonceptiva alguna, o una protección mejorada, es particularmente elevada en el Africa al sur del Sahara (por ejemplo, aproximadamente un tercio de todas las adolescentes de Côte d'Ivoire y Ghana) y también es bastante elevada en Bangladesh y la India (un poco menos de una de cada cinco). Aproximadamente una de cada 10 mujeres en muchos países de América Latina y el Caribe se encuentran en riesgo de contraer un embarazo no deseado debido a que no usan un método o que utilizan un método tradicional.

Las adolescentes que desean practicar la anticoncepción se enfrentan a muchos obstáculos cuando procuran obtener un método. El nivel de conocimiento de los métodos modernos, por ejemplo, varía entre las adolescentes de los países en desarrollo, y es especialmente bajo en el Africa al sur del Sahara - menos de la mitad de las adolescentes conocen un método moderno en Burkina Faso, Burundi, Madagascar, Malí, Níger, Nigeria y Tanzania. El menor nivel de conocimiento se registra con el condón - en muchos países, no más de un tercio de las mujeres jóvenes están familiarizadas con este método.

Muchas adolescentes que tienen conocimiento acerca de los métodos anticonceptivos modernos no saben dónde obtenerlos. Esta situación presenta un mayor obstáculo en las zonas rurales que en los centros urbanos. Además, en algunos países donde la actividad sexual entre las adolescentes no casadas es comúnmente vista como algo malo, está legalmente restringido el acceso de las mujeres jóvenes a los servicios de métodos anticonceptivos.

Aun en los casos en que una mujer joven está familiarizada con un método moderno y tiene acceso al mismo, quizás no sabe cómo utilizarlo en forma adecuada. En parte porque las adolescentes con frecuencia no tienen conocimiento o habilidad para usar los anticonceptivos, éstas son más proclives que las mujeres mayores a quedar embarazadas dentro del primer año de haber iniciado el uso.

A pesar de que el nivel de uso de anticonceptivos es frecuentemente bajo, las adolescentes de hoy en día son más proclives que las de los años 70 a usar un método moderno. Los aumentos en el uso son los más notables entre las adolescentes casadas en varios países del Asia: la prevalencia se ha duplicado o triplicado en Indonesia, las Filipinas y Tailandia, y ha aumentado 10 veces en Bangladesh (cuadro 2).

Cuadro 2. Aumenta el uso de anticonceptivos modernos entre las adolescentes casadas.
País % de mujeres casadas de 15-19 años que usan un método moderno
Años 70 Años 90
Bangladesh 2 20
Bolivia 2* 10
Brasil 46* 46
Colombia 21 34
Egipto 6* 13
Estados Unidos† 59 65
Filipinas 5 10
Ghana 2* 7
Indonesia 11 32
Kenya 1 5
México 11 24
Tailandia 15 40
Zimbabwe 28* 30
*A mediados o a fines de los años 80. †El porcentaje corresponde a todas las mujeres sexualmente activas de 15-19 años; el primer período es 1982. ‡1987.

Los métodos modernos son los anticonceptivos preferidos por la mayoría de las usuarias adolescentes casadas en el Africa del Norte, el Medio Oriente y el Asia. Los métodos tradicionales - en su mayor parte la abstinencia periódica - prevalecen en el Africa al sur del Sahara y son utilizados por porcentajes importantes de adolescentes en América Latina y el Caribe.

El uso del condón por parte de las adolescentes casadas no supera el 8% en ningún país en desarrollo, siendo éste el único método anticonceptivo que también es eficaz para prevenir la diseminación del VIH y otras ETS. Sin embargo, en algunos lugares comienza a hacerse notar los efectos de la campaña que promueve el uso del condón como método que previene enfermedades. En varios países de América Latina y en los Estados Unidos, las adolescentes sexualmente activas y no casadas tienen el doble de probabilidades de usar el condón que sus pares casadas.

La actividad sexual conlleva muchos riesgos de la salud

El parto - especialmente el nacimiento del primer hijo - conlleva riesgos potenciales para la salud de todas las mujeres. Para una joven menor de 17 años que todavía no ha alcanzado su madurez física, los riesgos son aún mayores. Las jóvenes adolescentes, en particular las que aún no llegan a los 15 años, son más propensas que las mujeres mayores a experimentar partos prematuros y pérdidas del feto y mortinatos; asimismo, corren un riesgo cuatro veces más alto que las mayores de 20 años de muerte debido a consecuencias relacionadas con el embarazo. Además, sus hijos tienen mayores posibilidades que los hijos nacidos de mujeres adultas de nacer de bajo peso y de morir antes de cumplir un año.

En todas partes del mundo, algunas adolescentes embarazadas no reciben atención prenatal; este porcentaje supera la mitad de los casos en Bangladesh, Bolivia y Egipto. Aun en las poblaciones adineradas, muchas adolescentes no reciben atención o no procuran servicios sino cuando el embarazo ya está muy avanzado.

Otra amenaza para la salud reproductiva de las mujeres jóvenes radica en la decisión de eliminar un embarazo no deseado en los países donde el aborto es ilegal o de difícil acceso. En estos casos, las adolescentes procuran asistencia de personas que realizan este procedimiento en forma clandestina, y con frecuencia éstas son practicantes no capacitadas que trabajan bajo condiciones sanitarias deficientes.

En varios países del Africa al sur del Sahara, las adolescentes representan entre un 25% y un 50% de las mujeres que sufren complicaciones causadas por el aborto; en Kenya y Nigeria, este porcentaje alcanza a más de la mitad de las mujeres que sufren las más severas complicaciones debidas al aborto. Aun en los lugares donde el aborto está legalizado, las mujeres jóvenes enfrentan mayores riesgos si postergan su decisión de someterse a este procedimiento, como ocurre en algunos casos porque no reconocen o simplemente se niegan a reconocer los primeros síntomas del embarazo, o no tienen los recursos para pagar este servicio.

Las infecciones del aparato reproductivo también producen un importante impacto en la salud y la fecundidad de la mujer. Muchas de estas infecciones ocurren cuando la mujer da a luz o tiene un aborto en condiciones no estériles; otras veces resulta del contacto sexual con una pareja infectada. Anualmente, un importante porcentaje de hombres y mujeres de 15-49 años contraen una ETS - menos del 10% en los países desarrollados y en algunos países en desarrollo, pero del 11% al 25% en la mayoría de los países en desarrollo. Las mujeres jóvenes son especialmente susceptibles a contraer una ETS, porque tienen menos anticuerpos protectores que las mujeres mayores, y porque la falta de madurez del cuello uterino incrementa las probabilidades de que la exposión a un agente infeccioso resultaría en la transmisión de la enfermedad.

En las sociedades donde la mujer participa poco en la toma de decisiones sobre su vida, una adolescente que teme contraer infecciones de su pareja puede sentirse impedida o imposibilitada a rehusarse las demandas sexuales de su pareja o a exigirle que use un condón. Y en tanto que las mujeres no casadas corren un riesgo mayor de contraer una ETS, aun las mujeres casadas pueden encontrarse en riesgo si sus maridos han tenido varias parejas sexuales anteriores o continúan teniendo más de una pareja sexual.

En muchos casos de infección, en principio la mujer no siente los síntomas de una ETS; como consecuencia de no percatarse que está infectada, muchas no procuran ayuda. Las ETS no tratadas pueden tener efectos devastadores en la salud, incluidos la infecundidad, el dolor pélvico crónico, el cáncer del cuello uterino y efectos adversos en los hijos si la madre estaba infectada durante su embarazo.

Además, la mitad de las infecciones del VIH ocurren entre personas menores de 25 años. Muchas adolescentes embarazadas en algunos países del Africa al sur del Sahara tienen resultados positivos en sus exámenes del virus - por ejemplo, el 20-27% en algunas zonas de Botswana, Nigeria y Rwanda.

Ciertas prácticas culturales están vinculadas con los riesgos de salud reproductiva de todos los adolescentes. En algunas sociedades, muchas jóvenes son sometidas a la mutilación genital, en la cual los genitales son eliminados, parcial o totalmente. Se pueden presentar complicaciones durante la propia intervención, y entre los efectos para toda la vida se incluyen el dolor crónico durante el coito, infecciones pélvicas recurrentes y dificultad en los partos. Además, en muchos países del Asia y de América Latina y el Caribe, el hombre tiene su primera relación sexual con una prostituta.

Finalmente, los jóvenes de todo el mundo sufren de abuso sexual, incesto y violación. En muchas regiones, los jóvenes son víctimas de la explotación sexual con fines de lucro, particularmente los pobres y sin hogar que carecen de aptitudes para competir por un empleo que no explota al trabajador.

Las mujeres jóvenes necesitan que se les extiende la mano

Los adolescentes de hoy en día constituyen la próxima generación de padres, trabajadores y líderes. Para cumplir con este papel de la mejor forma posible, necesitan la guía y apoyo de su familia y de su comunidad, y la atención de un gobierno comprometido con su desarrollo. A medida que la modernización económica, la urbanización y los medios de comunicación cambian las expectativas y el comportamiento de los adolescentes, la adaptación a nuevas formas de vida probablemente resultará inconveniente y a veces dolorosa. Pero la adaptación es inevitable e ineludible.

La mayoría de los países reconoce la necesidad y el valor de educar a las mujeres jóvenes. Aun las mujeres que tienen solamente primaria, postergan el matrimonio y la procreación unos 1,5 años en comparación con aquellas con ninguna escolaridad; las jóvenes que tienen enseñanza secundaria los postergan estos eventos aún más tiempo. La educación también contribuye a la salud de los hijos y de la familia de la mujer, y facilita su uso de información y servicios. En consecuencia, los gobiernos y las instituciones sociales deberán encontrar nuevas formas para permitir a las familias a inscribir a las niñas en las escuelas y para alentar a las mujeres jóvenes a permanecer estudiando hasta completar su educación básica.

Pocos países desarrollados o en desarrollo han prestado atención adecuada a las necesidades particulares de salud reproductiva de las mujeres adolescentes - en algunos casos debido a la falta de recursos y en otros debido al temor de iniciar una controversia. El alcance y la naturaleza de las necesidades en materia de salud reproductiva es individual y depende de la edad y las circunstancias de la mujer (cuadro 3). Y debido que varían tanto las tendencias del matrimonio y de la conducta sexual entre las diversas regiones y grupos culturales del mundo (cuadro 4), varía de igual modo la proporción de las jóvenes con necesidades específicas en dichas áreas. Sin embargo, la necesidad de información exacta y de educación es universal - tanto para las niñas y mujeres jóvenes como para los niños y hombres jóvenes que serán eventualmente sus parejas.

Cuadro 3: Todas las mujeres jóvenes necesitan servicios de salud reproductiva, no importa su status de actividad sexual o de procreación.
Status de actividad sexual y de procreación Servicios necesarios durante la adolescencia
Educación sexual Servicios de anticonceptivos Detección y tratamiento de ETS Atención prenatal Servicios de parto Programas para estudian tes que son madres o están embarazadas
No activas sexualmente X




Primera relación sexual ocurrió antes del matrimonio X X X


Primera relación sexual ocurrió de casada X X X


Embarazada o madre X X X X X X


Cuadro 4. Las tendencias del matrimonio y de la conducta sexual de la mujer joven varía en las diferentes regiones del mundo.
% de mujeres que antes de los 20 años Africa al sur del Sahara Asia, Africa del Norte y Medio Oriente América Latina y Caribe Cinco países desarrollados*
No estuvieron activas sexualmente 17 52 44 23
Tuvieron primera relación sexual 83 56 77
Antes del matrimonio 38 28 67
Estando casadas 45 48 28 10
Tuvieron un hijo 55 32 34 17
*Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Polonia. †No se dispone de información nacional comparable sobre las mujeres no casadas y sexualmente activas, correspondiente a todos los países de estas regiones.

Por lo general, los niños y los adolescentes aprenden las cuestiones relacionadas con el sexo de sus pares, hermanos, padres y los medios de difusión, aunque la información que obtienen por esos medios usualmente es limitada y puede ser errónea. La educación formal, que se adapta a las edades y características de la población joven involucrada, es una importante fuente de información precisa acerca de la sexualidad, el embarazo, la procreación, la anticoncepción y la protección contra las ETS. Los planes de enseñanza formalizados son comunes en los países desarrollados, donde en general la formación escolar se extiende por muchos años. Pero dichos planes de estudios son mucho menos comunes en los países en desarrollo, y generalmente no se ejecutan a nivel nacional; además, dada la corta duración de la escolaridad que ocurre en muchos países, y los elevados índices de abandono escolar entre los adolescentes desaventajados, los programas educativos con base comunitaria son un suplemento necesario para las iniciativas de las escuelas.

Los programas globales de educación sexual no abarcan únicamente el aspecto biológico, sino que también ofrecen a los jóvenes información práctica con respecto al noviazgo, las relaciones sexuales y el uso de anticonceptivos. Si bien los programas con frecuencia enfrentan a barreras de tipo religioso o político, la mayoría de los estudios indican que los cursos no alientan la actividad sexual; al contrario, están asociados con la postergación de la primera relación sexual y entre los jóvenes que son sexualmente activos, dichos programas alientan el uso de los anticonceptivos.

Los gobiernos, junto con otras instituciones pertinentes e incluso los medios de prensa, tienen un importante papel que desempeñar destinado a mejorar la capacidad de la mujer para protegerse contra embarazos no deseados y las ETS. Es necesario realizar esfuerzos especiales para educar y motivar al hombre para que coopere con sus parejas sexuales en el uso de anticonceptivos para prevenir los embarazos no deseados y en el uso del condón para prevenir la diseminación de enfermedades. Prestar servicios para diagnosticar y tratar las ETS, así como divulgar información acerca del riesgo de infecciones, son puntos críticos del tema. Las adolescentes requieren acceso a una gama de servicios de anticonceptivos que contemplen sus circunstancias específicas, incluidos su estado civil, el número de parejas sexuales y sus intenciones de fecundidad.

Algunas mujeres jóvenes que experimentan embarazos no deseados procurarán un aborto, sea este procedimiento legal o no. En los países en que está legalizado, los servicios deben ser financiera y geográficamente accesibles a todas las jóvenes. En los casos en que este procedimiento no está legalizado, muchas mujeres lo procurarán en forma clandestina; estas mujeres deberán tener acceso a servicios adecuados en caso que ocurran complicaciones, y atención posterior al aborto, incluida la consejería sobre anticonceptivos para asistir a la mujer que evite otro embarazo no deseado.

En muchos países en desarrollo, los servicios para las mujeres embarazadas y las madres de cualquier edad son bastante inadecuados. Sin embargo, las adolescentes en particular deben estar informadas sobre la importancia de la atención prenatal y los servicios deberán estar accesibles a ellas. Asimismo, durante el embarazo necesitan apoyo social y, luego del parto, deben recibir apoyo y atención para ellas mismas y para sus hijos. Las madres adolescentes pueden necesitar asistencia sobre la lactancia materna, asesoramiento sobre nutrición e información sobre inmunizaciones. Muchas necesitarán consejería y servicios de anticonceptivos para ayudarles a postergar el próximo embarazo.

La privacidad y la confidencialidad son dos importantes aspectos de la prestación de servicios para adolescentes, quienes pueden sentirse incómodas discutiendo temas sexuales o pueden temer ser condenadas por sus familias y comunidades si revelan su actividad sexual. La atención prestada específicamente para adolescentes deberá tomar en cuenta el limitado acceso que tienen las mujeres jóvenes a los medios de transporte y también sus magros recursos financieros. Un entorno de servicios que facilite el acceso de las mujeres jóvenes determinará en qué medida las adolescentes acuden a los servicios de salud reproductiva orientados a ellas.

El futuro depende en gran medida del bienestar de las mujeres adolescentes - en la forma en que desempeñen su papel como madres, como contribuyentes a la economía, como educadoras de la próxima generación y como fuente de fortaleza para sus comunidades y naciones. A medida que bregan para lograr su lugar pleno y legítimo en el mundo, las mujeres jóvenes se enfrentan a problemas y desafíos. Pero el desafío para las comunidades y naciones - de extender a las jóvenes una mano de ayuda que necesitan y merecen - es aún mayor.

Este resumen ejecutivo fue preparado con el apoyo de The William H. Gates Foundation.