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The Incidence of Induced Abortion in Malawi

Contexto

El aborto está legalmente restringido en Malaui y no hay datos disponibles sobre la incidencia del procedimiento.

Métodos

Se aplicó la Metodología sobre complicaciones relacionadas con la incidencia del aborto para estimar los niveles de aborto inducido en Malaui en 2009. Los datos relacionados con la provisión de la atención postaborto fueron recolectados de 166 instituciones de salud públicas, no gubernamentales y privadas. Asimismo, 56 informantes clave proporcionaron estimaciones sobre la probabilidad de que las mujeres que tienen abortos experimenten complicaciones y busquen atención médica. Se usaron los datos de estas encuestas y de la Encuesta Demográfica y de Salud de Malaui de 2010 para calcular tasas y razones de aborto, así como tasas de embarazo y de embarazo no planeado.

Resultados

Se estima que en 2009 unas 18.700 mujeres en Malaui recibieron tratamiento en instituciones de salud por complicaciones relacionadas con el aborto inducido. Un número estimado de 67.300 abortos inducidos fueron practicados, lo que equivale a una tasa de 23 abortos por 1.000 mujeres en edades de 15–44 años y una razón de aborto de 12 por 100 nacidos vivos. La tasa de aborto fue más alta en la región Norte (35 por 1.000) que en las regiones Central o Sur (20–23 por 1.000). La tasa anual de embarazo no planeado en 2010 fue de 139 por 1.000 mujeres en edades de 15–44 años, y se estima que un 52% del total de los embarazos no fueron planeados.

Conclusión

El aborto inseguro es común en Malaui. Se necesitan intervenciones para ayudar a las mujeres y parejas a evitar el embarazo no planeado, reducir la necesidad del aborto inseguro y disminuir la mortalidad materna.

Authors' Affiliations

Brooke A. Levandowski is senior research and evaluation associate, Ipas, Chapel Hill, NC, USA. At the time this study was conducted, Chisale Mhango was director, Reproductive Health Services, Ministry of Health, Blantyre, Malawi. Edgar Kuchingale is lecturer, Department of Obstetrics and Gynecology, Malawi College of Medicine, Blantyre. Juliana Lunguzi is a midwifery advisor, United Nations Population Fund, Lilongwe, Malawi. Hans Katengeza is reproductive health officer, Reproductive Health Unit, Malawi Ministry of Health, Lilongwe. Hailemichael Gebreselassie is senior research advisor, Ipas, Nairobi, Kenya. Susheela Singh is vice president for research, Guttmacher Institute, New York.

Acknowledgment

Brooke A. Levandowski is senior research and evaluation associate, Ipas, Chapel Hill, NC, USA. At the time this study was conducted, Chisale Mhango was director, Reproductive Health Services, Ministry of Health, Blantyre, Malawi. Edgar Kuchingale is lecturer, Department of Obstetrics and Gynecology, Malawi College of Medicine, Blantyre. Juliana Lunguzi is a midwifery advisor, United Nations Population Fund, Lilongwe, Malawi. Hans Katengeza is reproductive health officer, Reproductive Health Unit, Malawi Ministry of Health, Lilongwe. Hailemichael Gebreselassie is senior research advisor, Ipas, Nairobi, Kenya. Susheela Singh is vice president for research, Guttmacher Institute, New York.

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International Perspectives on Sexual and Reproductive Health