Los proveedores de servicios de salud que invocan la objeción de conciencia para no proporcionar o participar en la atención del aborto en Bogotá, Colombia, pueden categorizarse a lo largo de un rango de motivos relativos a la objeción —extremos, moderados y parciales— según revela un nuevo estudio publicado en International Perspectives on Sexual and Reproductive Health​. El estudio, “‘The Fetus Is My Patient, Too’: Attitudes Toward Abortion and Referral Among Physician Conscientious Objectors in Bogotá, Colombia” [El feto también es mi paciente: actitudes respecto al aborto y referencias entre médicos objetores de conciencia en Bogotá, Colombia], por Lauren Fink de Emory University, et al., busca entender la objeción de conciencia desde la perspectiva de los propios objetores, con el fin de ayudar a identificar intervenciones potenciales para disminuir el peso de la objeción de conciencia en tanto barrera para la atención.

Cuando la Corte Constitucional de Colombia en 2006 descriminalizó parcialmente el aborto, la Corte estableció el derecho al aborto bajo tres circunstancias: cuando la vida o la salud (incluido el bienestar mental) de la madre está en riesgo; cuando una anomalía fetal es incompatible con la vida; y cuando el embarazo es resultado de violación, incesto o inseminación forzada. La Corte también estableció directrices para los proveedores de servicios de salud que deseen invocar la objeción de conciencia. Las personas pueden objetar, pero las instituciones no pueden; los médicos objetores tienen el deber de referir a sus pacientes a otro proveedor; y la objeción de conciencia “no debe implicar indiferencia por los derechos de las mujeres”. No obstante, en Colombia es común el ejercicio inapropiado de la objeción de conciencia, lo que lleva a muchas mujeres a buscar abortos clandestinos que, con frecuencia, son inseguros. Los autores condujeron entrevistas en profundidad con 13 informantes clave y 15 médicos colombianos que se autoidentificaron como objetores de conciencia con el propósito de comprender mejor cómo se ejerce la objeción de conciencia.

Teniendo como base esas entrevistas, el estudio encuentra que la objeción se ubica a lo largo de un rango e identifica tres tipos de objetores según un conjunto de características que comparten. Los objetores extremos consideran que es su deber médico, ético y religioso negarse a realizar abortos y evitar que sus pacientes se sometan a un aborto. Con ese propósito, tratan de cambiar la opinión de sus pacientes, proporcionan información legal y médica engañosa, y se niegan a referir a sus pacientes.

Los objetores moderados tienden a ser religiosos, pero son más tolerantes respecto a otras perspectivas; no tratan activamente de impedir que sus pacientes se sometan a abortos y sí hacen referencias. Asimismo, tienden a ser enérgicos promotores de la anticoncepción, incluida la anticoncepción de emergencia, la cual consideran como una forma de evitar abortos. Por lo general, sustentan su posición en la ética médica y en un compromiso de “proteger la vida”, incluida la del feto.

Los objetores parciales se clasifican en dos subcategorías: los que objetan en base a la edad gestacional o aquellos que lo hacen dependiendo del caso. Aquellos cuya objeción se basa en la edad gestacional no están motivados por la religión y no se consideran oponentes al aborto. A muchos les preocupa realizar abortos de fetos potencialmente viables, aunque algunos se niegan a realizar abortos aún en gestaciones tempranas, argumentando otras preocupaciones. Se necesita investigar más acerca de las motivaciones de los objetores que proceden dependiendo del caso; la entrevista a un médico y comentarios provistos por informantes clave sugieren que este tipo de objeción parcial es usual.  

Los investigadores insisten que para desarrollar intervenciones efectivas con el fin de reducir el uso inapropiado de la objeción de conciencia como barrera al aborto legal y seguro, los objetores no deben ser tratados como un grupo homogéneo. En lugar de ello, las intervenciones deben dirigirse a los diferentes tipos de objetores. Por ejemplo, establecer diálogos sobre el valor de una referencia entre objetores moderados y extremos que compartan creencias religiosas podrían ayudar a que algunos objetores extremos aceptaran ofrecer referencias para que sus pacientes no busquen abortos clandestinos y potencialmente inseguros. Los autores también recomiendan la revisión de los planes de estudio de la educación médica continua y de las facultades de medicina para ampliar la perspectiva bioética sobre el aborto y para que reflejen la descriminalización del aborto. Además, todos los médicos, independientemente de su estatus como objetores, se beneficiarían con ejercicios de aclaración de valores y con capacitaciones acerca de la excepción relativa a la salud en la ley de aborto. Finalmente, los investigadores sugieren que la naturaleza limitada de la descriminalización del aborto en Colombia permite que los objetores de conciencia actúen como filtros y confundan a las mujeres acerca de sus derechos. Expandir la ley de aborto del país para permitir el aborto a solicitud, ellos dicen, mantendría los derechos de los objetores a la vez que reduciría su capacidad de actuar como barreras para la atención del aborto legal y seguro.

“‘The Fetus Is My Patient, Too’: Attitudes Toward Abortion and Referral Among Physician Conscientious Objectors in Bogotá, Colombia,” por Lauren Fink et al., aparece en International Perspectives on Sexual and Reproductive Health y está actualmente disponible en línea.