Procurar que las mujeres adolescentes puedan elegir si tener o no hijos y cuándo tenerlos es crucial para su salud sexual y reproductiva, sin embargo, los nuevos datos publicados hoy por el Guttmacher Institute muestran que los servicios anticonceptivos en las regiones en desarrollo no llegan a satisfacer las necesidades de las adolescentes. Los nuevos datos, publicados en una serie de hojas informativas estiman que en 2017 en las regiones en desarrollo, unos 36 millones de mujeres jóvenes de 15 a 19 años estaban casadas o eran sexualmente activas y querían evitar quedarse embarazadas en los siguientes dos años. Sin embargo, la mayoría de este grupo —20 millones de adolescentes— no estaban usando un método anticonceptivo moderno y, por lo tanto, tenían una necesidad insatisfecha de anticoncepción moderna. La mayoría de las mujeres adolescentes con necesidad insatisfecha no utilizaba ningún método anticonceptivo (85%), mientras que el 15% restante utilizaba métodos tradicionales como el retiro o la abstinencia periódica, que son menos efectivos que los métodos modernos.

Cada año en las regiones en desarrollo, aproximadamente la mitad de los 9,6 millones de embarazos en mujeres adolescentes de 15 a 19 años de edad son no planeados, y aproximadamente la mitad de estos embarazos no planeados terminan en abortos. Por diversas razones, incluidas las restricciones legales y el estigma, más de la mitad de los abortos obtenidos por adolescentes en las regiones en desarrollo son inseguros.

“Invertir en servicios de salud sexual y reproductiva para mujeres adolescentes es fundamental”, dice Ann Biddlecom, directora de investigación internacional en el Guttmacher Institute y coinvestigadora de las nuevas estimaciones. “Cuando las adolescentes y las mujeres jóvenes pueden evitar el embarazo no planeado, pueden llevar una vida más saludable y tener mayores oportunidades educativas y económicas”.

Según las investigadoras, el costo anual de brindar servicios de anticoncepción de alta calidad en regiones en desarrollo a todas las mujeres adolescentes de 15 a 19 años de edad que estén casadas o sean sexualmente activas y quieran evitar tener un hijo por lo menos durante dos años —incluidas las usuarias actuales de anticonceptivos así como las nuevas— sería de 889 millones de dólares estadounidenses, o $25 por usuaria. Aunque esta es una inversión significativa, es importante tener en cuenta que alrededor de un tercio de este costo ya se está dedicando a proporcionar anticonceptivos modernos a las usuarias adolescentes actuales.

Además, la inversión total producirá enormes rendimientos. Satisfacer la necesidad de métodos anticonceptivos modernos de las adolescentes en las regiones en desarrollo mejoraría la salud y el bienestar de las mujeres jóvenes, lo que resultaría en:

• Seis millones menos de embarazos no planeados (una disminución del 63% respecto a los niveles de 2017)

• 2.4 millones menos de nacimientos no planeados (una disminución del 64%)

• 2.9 millones menos de abortos (una disminución del 62%), de los cuales 1.9 millones habrían sido inseguros (una disminución del 65%)

Las autoras enfatizan que las inversiones en la gama completa de servicios de salud sexual y reproductiva para mujeres adolescentes —incluidos los servicios anticonceptivos integrales que incluyen consejería e información médicamente precisa— son esenciales para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres adolescentes. Invertir ahora es vital para prepararse ante los aumentos esperados en las necesidades anticonceptivas de las adolescentes en las regiones en desarrollo.

Deben implementarse y monitorearse políticas y programas para satisfacer plenamente las necesidades de las mujeres adolescentes y garantizar su derecho a tomar decisiones voluntarias e informadas relativas a la anticoncepción. Dichas políticas y prácticas deben dar prioridad a la disponibilidad y el acceso a los anticonceptivos de alta calidad para las adolescentes, incluida la capacitación a trabajadores de la salud en la prestación de servicios amigables para jóvenes (acompañados de consejería) y la provisión de una amplia gama de opciones anticonceptivas. También se debe poner en práctica la educación integral en sexualidad apropiada para la edad, con el fin de brindar a las personas adolescentes información médicamente precisa que puedan usar para prevenir embarazos no planeados y tomar decisiones saludables a lo largo de sus vidas.